quarta-feira, 8 de outubro de 2014

 

NA METADE DO MUNDO

 

  * Marisa Naspolini



Escribo de Quito, Ecuador. Aquí ora hace frío ora hace calor. La temperatura cambia todo el día. Há uma piada local que diz: “Não gostou do clima de Quito? Caminhe três quadras.” Ou seja, parecemos cebolas que passam o dia se desfolhando e voltando a se cobrir novamente. Entramos no túnel com sol e saímos debaixo de chuva. É preciso andar com um pequeno guarda-roupa providencial na bolsa. Nisso que dá estar entre os trópicos com altitude de 3.000 metros. O cérebro – e o corpo – ficam meio confusos.

Há coisas muito curiosas que acontecem no marco 0 da Linha do Equador. A primeira delas é que há divergência sobre sua localização exata. Assim, a alguns quilômetros de Quito há dois “monumentos”, por assim dizer, que reivindicam para si o ponto geográfico exato em que os polos do planeta estão mais achatados e a Terra mais perto do sol. Um deles é o Museo Inti Nan, que representa o conhecimento da ancestralidade indígena da região. O outro é um monumento certificado pela comunidade científica internacional, que redefiniu a localização da latitude 00o00’00” através de equipamentos ultramodernos. Trata-se de um prédio de concreto com bandeiras e lojinhas de souvenir. 



Decidimos ficar no primeiro, o aparentemente genuíno, feito de cabanas indígenas e percursos naturais onde se pode fazer vários experimentos interessantes, como pular a linha (“estou no norte, estou no sul, no norte, no sul...”), brincar com a gravidade, colocando ovos em pé, lutando e sentindo a diferença do peso e da força do corpo dependendo de que lado você está. O bacana é que no hemisfério sul ficamos mais fortes (!). Há também a experiência com a água que desce reto, sem fazer redemoinho, na latitude zero. Tudo muito divertido. Mais ainda é fazer este percurso com um bando de mulheres criadoras e criativas, durante uma brevíssima pausa na programação do XI Encuentro de Mujeres Creadoras – Tiempos de Magdalena, promovido pela Fundación Mandragora.

O encontro já está na décima primeira edição, mas é a primeira vez que acontece em parceria com o Projeto Magdalena, o que lhe dá um caráter de estreia, de certa forma. O fato é que nos encontramos por aqui, mulheres de teatro e performance de todas as partes e latitudes, bem pertinho do sol, o que deve ter algum significado especial. Estamos, no mínimo, “calentadas”... Bem, um encontro Magdalena, respeitadas as diferenças geográficas e culturais, é sempre um encontro Magdalena. Multiplicidade de línguas e linguagens, acertos e desacertos, divergências e comunhão, falas e debates apaixonados recheados por histórias de vida e depoimentos instigantes. Além disso, exposição fotográfica, lançamento de livros, incursão por outras paragens e café, muito café, no Sweet & Coffee, nosso ponto de encontro informal, cujo nome nos faz refletir sobre a dolarização da moeda local. 






Estou preparando as malas. Minha cabeça está povoada de mulheres: atrizes, diretoras e dramaturgas que ocuparam muitas salas, as ruas e os meus pensamentos nos últimos dias. Dos encontros surgem afinidades, desejos de parcerias, projetos mirabolantes e quem sabe realizáveis (não duvido!), línguas inventadas, que misturam inglês, espanhol, português e italiano e produzem pérolas do tipo: Ecco, voy a calçar my shoes para salir. À mesa do jantar, degustando mezcal com grilos fritos (isso mesmo, trazidos do México por Violeta Luna), nos damos conta de que há seis encontros Magdalena previstos para acontecer em 2015: três no Brasil (Brasília, São Paulo e Rio de Janeiro), além de Bogotá, Santiago e Montpellier. Durante a noite tive um pesadelo. Era puxada de um lado para o outro (seria algum trauma da experiência com a linha do Equador?) por mulheres que gritavam em línguas variadas e incompreensíveis. Tentavam me levar para todos esses lugares e eu, no meio (na metade do mundo?), olhava assustada para aquela confusão.

Acordei com vontade de silenciar, como sempre acontece depois desses encontros, invadida pelo desejo de calar-me por uns dias e digerir a experiência. Dei sorte. As imagens do espetáculo de Cristina Castrillo – If silence knew (Se o silêncio soubesse) – vão me acompanhar nessa tentativa. A delicadeza e a força de sua atuação sem palavras reforçam em mim a sensação de que o silêncio – sempre ele – é o melhor companheiro na volta pra casa. Mas também me acompanham as sábias palavras que ouvi de uma ex-presidiária durante a performance Dohter: “o amor não é um sentimento. Amar é uma decisão”. Aprendo, na metade do mundo, que a decisão cabe só a mim. Já posso ir embora. Gracias, Ecuador.

Quito, 8 de outubro de 2014.

segunda-feira, 14 de julho de 2014

 

3 Caminos para explorar la fisura entre personaje y actriz



* por Beatriz Afonso



Me encuentro con mi cuerpo en el escenario y actúo,
no pienso en el cómo, simplemente lo hago.
Soy el personaje que todo el mundo ve
y la persona detrás que en ocasiones se asoma.



¿Cómo puedo mostrar a la persona en el escenario sin perder el juego teatral? ¿Dónde está esa fisura entre lo real y la ficción?
 
Este par de preguntas se presentan como un gran reto actoral que me planteo año tras año, y considero que se merecen un espacio escrito de reflexión con base en el conocimiento obtenido empíricamente.
 
En este breve ensayo trataré tres procesos distintos de aprendizaje y creación. Dichos procesos son: el encuentro con el clown a través de las enseñanzas de Alain Vigneau, el encuentro con el Suzuki de la mano de Maria Porter y el encuentro con varias imágenes, animales y objetos guiada por Ana Cristina Colla, Naomi Silman y Raquel Scotti del grupo LUME.

Primer camino: el encuentro con el clown
 
En el año 2009 recorrí durante 5 módulos intensivos “El Camino del Clown” de la mano del maestro francés Alain Vigneau.
 
En el primer módulo iniciamos el trabajo con un ejercicio grupal, que consistía en movernos libremente por el espacio al ritmo de la música y poco a poco teníamos que ir construyendo físicamente tres figuras; la primera expresando lo que nos oprime, la segunda cómo nos presentamos ante los demás y la tercera lo que nos podría liberar de las dos anteriores.  Las figuras podían ser tanto internas como externas, reales o simbólicas.
 
1ra figura: Verdugo/Víctima.
 
Rápidamente percibí esta imagen interna dual que me acompaña a menudo. Tiene dos caras, una es una dictadora con látigo que me exige ser perfecta, me llena de culpa, me insulta y me riñe, y la otra es su víctima, encorvada y cabizbaja, como una esclava que carga un peso enorme.
 
2da figura: La diva soberbia.
 
También es una figura interna que refleja uno de los rasgos más significativos de mi carácter, la necesidad de aprobación. Se manifestó como una figura amplia y soberbia, similar a una diva que busca el reconocimiento y el alago.
 
3ra figura: El agradecimiento.
 
Esta figura fue la que más me sorprendió tanto por su simbolismo como por el hecho de no haberla percibido antes en mi vida. La construcción física se basó en un gesto de humildad y  generosidad, una especie de reverencia con la mano extendida dando las gracias.
 
Durante los 5 módulos del camino me planteé constantemente la siguiente pregunta,  ¿cómo pueden estas figuras tan personales formar parte de mi payasa?, y no fue sino al final del proceso que obtuve la respuesta.
 
El trabajo del camino del clown estuvo muy ligado a la arte-terapia. Exploramos diversas fases del  clown mezclando juegos, técnica escénica y herramientas de la terapia Gestalt. Recorrimos estas fases siempre desde la improvisación. Pasamos por el patetismo, la confianza, la escucha, la presencia en escena, el intercambio de roles y  finalmente llegamos al encuentro con el público.



A lo largo de todo el proceso me acompañó continuamente un sentimiento de fracaso y de distanciamiento del grupo. En los cuatro primeros módulos participaba en las improvisaciones buscando destacar, ganar reconocimiento, pensando en tácticas para sorprender y en dónde introducir el gag para conseguir la risa. No era capaz de asimilar que la espontaneidad no se planifica y que el grupo en todo momento veía con claridad a la actriz en lucha con dos figuras personales: la diva soberbia que busca el reconocimiento y la dictadora/víctima que no se permite la equivocación.
 
Finalmente en el último módulo, durante la muestra abierta al público, apareció por unos instantes mi payasa. Esto ocurrió cuando sentí que ya todo estaba perdido y bajé las defensas. Me preparé sin esmero para salir a escena, me vestí vulgar y exagerada y me permití mostrar con sinceridad a la payasa “Sexy Bomb” grotesca que deliberadamente busca el alago. Una payasa prepotente y descarada que cuando fracasa se desmorona y demuestra que no puede mantener el rol de diva todo el tiempo. En el fondo mi payasa lo que busca es ternura, cariño y protección.
 
En ese momento  ocurrió la magia; en escena estaban presentes la payasa y la mujer detrás de ella. Se percibía la debilidad de ambas y eso es lo que las hacía más fuertes.
Esta experiencia me ayudó a liberarme de la fuerte pretensión que he cargado durante años a la hora de salir a escena, porque me permití mostrar con humildad y reconciliación un aspecto personal que me avergonzaba y con el cual no quería ser identificada.
 
De esta forma descubrí cómo es posible que la máscara cobre vida y que la persona que está detrás se asome en ocasiones, pero sin poner en evidencia la lucha de la segunda por llevar el timón.

Segundo camino: encuentro con el Suzuki

Cuatro años después de haber andado El Camino del Clown, en el año 2014, realicé en el espacio Residui Teatro (Madrid) un taller breve de introducción al Suzuki: “Interpretación/Alquimia, convertir el hierro en oro” con la estadounidense María Porter, actriz, directora, profesora y una participante activa de la red Magdalena Project.
 
Contrario a lo que imaginaba, el Suzuki no es un entrenamiento únicamente para aprender a realizar movimientos con precisión y para aprender a desplazarnos por el espacio. El trabajo con María además de darnos herramientas para entrenar el cuerpo y la mente, sobre todo la concentración, fue siempre enfocado a entender que el Suzuki es un calentamiento que genera una energía interpretativa apta para trabajar directamente en escena, manejando, entre otros, los siguientes principios: 

-Generar gran cantidad de energía y almacenarla en el vientre. Mantenerla activa en todo momento y solo cambiar la calidad de la misma.
-Proyectar una imagen en el horizonte y utilizarla como foco.
-Colocar a un “Dios de la perfección” al fondo de la audiencia y tenerlo como referencia en los momentos de debilidad. Esta imagen unida a la del punto anterior nos dará un impulso que nos permitirá ir más allá cuando estemos cansados.
-Identificar y permitirnos momentos de debilidad/equivocación, porque buscamos hacer evidente ese punto donde se percibe la lucha entre el personaje y el actor/actriz.
 
Este último principio que trata la relación de ruptura entre personaje y actriz me remitió al hallazgo encontrado en El Camino del Clown, pero en esta ocasión partiendo desde un punto totalmente distinto.
 
Durante el taller de Suzuki el objetivo era buscar la perfección y mantener siempre una imagen como foco. Consistió en un entrenamiento físico consciente basado en: la construcción precisa de las formas, el reconocimiento de la fuerza que se genera al golpear con firmeza el suelo con los pies, y las posibilidades de movimiento al llevar el cuerpo continuamente del equilibrio al desequilibrio.
 
El Suzuki reta al cuerpo y lo lleva al límite, y me enseñó con sus principios que puedo ir un poco más allá cuando estoy a punto de renunciar. Es en ese instante en el que se abre una pequeña ventana que permite ver a la persona esforzándose por sostener el personaje y los momentos de respiro para ambos.

Tercer camino: encuentro con imágenes, objetos y animales.

Unos meses más tarde, durante el mismo año 2014, me sumergí en un taller de entrenamiento actoral intensivo con tres mujeres muy inspiradoras, Ana Cristina, Raquel y Naomi, actrices de la compañía LUME. Este taller formó parte del encuentro bienal de mujeres creadoras Vértice (red Magdalena Project) que tiene lugar en Brasil.
 
Durante 6 días exploramos diferentes técnicas desarrolladas por el grupo LUME que sirven como herramientas de construcción escénica. La finalidad del trabajo era crear a partir de imágenes, animales y objetos, pequeñas escenas relacionadas al imaginario del hogar. Estos elementos de trabajo le resultan familiares a la mayoría de las personas que han tenido algún tipo de formación teatral gestual, sin embargo, la riqueza de la experiencia con estas mujeres es la forma en que integran estos elementos junto con juegos de espacio, coordinación, manejo del centro energético, relación coral, ritmo, presencia y por último el uso de la voz. Su línea de trabajo se deriva de Grotowski y de la danza-teatro Butoh.



Primero viví la experiencia con mucha euforia porque me sentía muy presente en el trabajo, interactuando con el grupo y siempre en acción. La dinámica del entrenamiento me obligaba a concentrarme para reaccionar a los estímulos propuestos y no tenía tiempo para perderme en las trampas de mi mente.
 
Comenzamos entrenando 16 mujeres juntas en un mismo espacio, en ocasiones más cuando las profesoras se unían, y descubriendo las posibilidades de movimiento en el mismo. Experimentamos momentos de aceleración y freno, cambios de dirección y proyección de  impulsos, la fijación del centro energético, la atención periférica, la mímesis de imágenes y las posibilidades de juego con las mismas.
 
Hasta aquí todo bien. Camuflada dentro del grupo y jugando en todo momento con las premisas dadas me sentía muy cómoda. Estaba recobrando fuerza y resistencia física y sorprendiéndome con algunas imágenes internas que aparecían.
 
La complicación llegó al comenzar con el trabajo individual. Fue entonces cuando me visitaron los viejos hábitos; empecé a buscar la perfección en la construcción del animal, a exigirme en muchos momentos excesiva precisión y a forzar la interacción con otras compañeras. Terminé en ocasiones sintiendo que no había comunicación real sino que solo estaba pendiente de las miradas externas.
 
Por suerte pude sumergirme de nuevo con placer en el trabajo al interactuar con los objetos. La propuesta era jugar con sus cualidades para darles usos diferentes. Debíamos explorar cómo podían manifestarse en nuestros cuerpos, por ejemplo, ¿cuál podría ser la corporalidad de un objeto duro, frío, maleable, áspero, ligero, que hace ruido al manipularlo, etc.? Este proceso me hizo reencontrarme con un espacio íntimo doloroso, una parte del hogar en mi memoria marcado por la pérdida. Con estos tintes trágicos me vi luchando entre momentos sobre actuados, y esos instantes de verdad en los que la imagen estaba muy clara y la atención en las miradas externas se difuminaba.
 
Pensé que había hecho un hallazgo poderoso porque estaba creando a partir de algo importante para mí, para sanar, sin embargo no era capaz de comunicárselo a los demás. Entonces me pregunté, ¿es válido este tipo de trabajo o necesito siempre estar pensando en cómo conectar con el espectador? Esa duda aún no consigo despejarla del todo.
 
En los días siguientes improvisamos utilizando historias personales. Allí compartí una experiencia con la que el grupo empatizó y las profesoras me sugirieron que aprovechara ese material en el trabajo individual. En ese momento reviví el mismo conflicto del Camino del Clown, el de integrar y evidenciar mis debilidades personales en el proceso creativo en lugar de luchar por ocultarlas.  Comenzó de nuevo el vértigo, el vicio de maquillar la verdad y de teatralizarla.
 
Al final, no trabajé mucho más en esta línea porque terminamos centrándonos en otros aspectos de la exploración gestual, pero fue la tercera llamada de atención para intentar descifrar cómo se llega a ese punto en el que se puede ver a la actriz y al personaje juntos, de la mano, construyendo un mismo discurso.

¿Cómo puedo aunar, la experiencia del clown riéndose de su patetismo, el entrenamiento del Suzuki moldeando la energía del cuerpo en movimiento y el trabajo con LUME integrando mi voz, para poder mostrar a la persona en el escenario sin perder el juego teatral?
 
Esta es una pregunta abierta que considero no tiene una respuesta única. A partir de estos tres  encuentros aprendí que el camino para explorar la fisura entre el personaje y la actriz no tiene fin, sino muchas paradas en las que puedo retomar y re-interpretar estas enseñanzas para enriquecer mi experiencia artística y personal.
 


***



* Beatriz Afonso Santos- graduada en Arte Dramático, especialidad Dirección de Escena, por la Universidad de Kent (Inglaterra – sede Madrid). Co-fundadora del grupo Áncora Teatro en España (2007). Ha trabajado como intérprete  y directora en Venezuela, España, Brasil, Australia y Canadá. Enfoca su investigación en diversas líneas de trabajo corporal dentro del teatro y en las relaciones de las mujeres con su feminidad y masculinidad.





segunda-feira, 19 de maio de 2014


Sobre malas, heranças e presenças

Por Barbara Biscaro



Arrumar as malas para viajar é uma tarefa muitas vezes complicada. No aeroporto, em uma dessas situações de espera que esses locais nos obrigam de vez em quando, comecei a pensar que o limite de bagagem imposto para o viajante – além de respeitar uma necessidade técnica relacionada ao peso do avião e afins – propõe um exercício de escolha imposto a cada pessoa que se propõe a se deslocar. Ao mover-se de um lado para o outro, você tem que selecionar objetos, roupas ou pertences que obedecem a critérios tanto relacionados à necessidade (como calcinhas e escova de dentes) quanto a outros fatores mais intuitivos ou caóticos, a fim de organizar em um espaço definido essas coisas que nos rodeiam e chamamos de ‘nossas’.

Uma residência artística pode ser encarada como uma viagem: aqui no caso me refiro à experiência de seis dias intensivos com a atriz cantora e diretora Linda Wise (França) realizada no Vértice 2014. Mergulhar no universo técnico e no imaginário estético/artístico de uma artista por esse período demanda não só o desejo de ‘conhecer’; demanda um desejo de viajar para um lugar que só existe com aquela condução, construído com aquelas pessoas reunidas naquele tempo e espaço. Não é nada turístico, portanto: os registros empreendidos nessa jornada são construídos em movimento e se relacionam intimamente com cada um, se constituindo muito além de uma mera reprodução ou revisitação - como as intermináveis fotos de viagem que às vezes colecionamos, imóveis.

Nesse sentido, viajar com Linda foi uma grata experiência. Todos trouxeram suas malas – conhecimentos técnicos, necessidades, desejos, canções, textos, memórias – e fomos convidados a deixar o excesso do lado de fora e entrar somente com o essencial. Mergulhar leve – possibilitando um nado suave e livre – essa foi a ordem do dia.

Tomar todo o tempo do mundo para abrirmos nossas bocas, ouvidos, mãos, peitos. Tomar todo tempo do mundo para ouvir o outro, pacientemente. Tomar todo o tempo do mundo para chorar e desse choro perceber que havia um excesso de peso que insistimos em carregar em nossas bagagens pessoais. Perceber quando é hora de ir em frente, desafiar-se e quando é hora de parar e não exigir tanto de si mesma.

A condução de Linda é marcada por um equilíbrio entre manter o foco no grupo e em trabalhos individuais, nos convidando a experimentar. Uma condução delicada e bela; a presença de Linda representou para mim a união entre dois mundos: de um lado o universo pessoal da artista e suas questões de interesse estético e técnico (como a conexão entre voz e musicalidade, entre os campos do teatro e da música). Do outro lado a herança do trabalho vocal junto ao Roy Hart Theatre, que é uma das grandes referências em pesquisa vocal para a cena no contexto europeu do século XX – começando lá em meados de 1930 com o alemão Alfred Wolfsohn.

Essa mistura entre o passado e o presente, entre herança e presença, foi uma das características dessa experiência. Não deixar as malas tão pesadas a ponto de não poderem ser carregadas por aí, nem as deixar tão leves a ponto de não perceber aquilo que nos conecta com nossos locais de origem, nossas raízes (por mais nômades que sejamos). Mas como se sabe, é difícil saber arrumar as malas. Tarefa engenhosa, que talvez se aperfeiçoe ao longo de uma vida.

terça-feira, 29 de abril de 2014

26 de abril de 2014 | Diário Catarinense
DAS ARESTAS E VÉRTICES

Das arestas e Vértices
Festival chega aos 10 anos e se consolida como um campo de ação das mulheres na arte.


O projeto Vértice Brasil completa dez anos de existência. Neste período foram realizados bienalmente quatro eventos intitulados Vértice Brasil – encontro e festival internacional de teatro feito por mulheres e outras ações como residências artísticas e a criação de uma rede de mulheres artistas no Brasil. Um novo encontro, que ocorreu de 6 a 13 de abril na capital, torna necessária uma reflexão sobre esta iniciativa.

O Vértice Brasil nasce do Magdalena Project, rede que incentivou e deu suporte ao amadurecimento do projeto, doando modos de organização e visões de um mundo que pensa a visibilidade e os campos de ação da mulher na arte. Da rede Magdalena vieram questões simples, mas com respostas complexas: qual o lugar da mulher na produção estética/poética/técnica das artes cênicas hoje? Quais as referências femininas nas artes e quais seus legados? Qual a visibilidade da produção de conhecimento por parte de mulheres, seus registros e seus modos de difusão?

As discussões sobre o feminismo sempre estiveram dentro do Magdalena Project e do Vértice. Ambos os projetos não reforçam uma única versão do pensamento feminista –pontuando que existem diversas formas de exercer um posicionamento feminista na arte. Em um âmbito mais abrangente, ambas as iniciativas abrigam artistas com abordagens diversas: desde mulheres que se assumem ativistas do feminismo até artistas que se dedicam às discussões estéticas para a cena, reforçando posições de liderança.

Não assumir um pensamento único sobre o ser mulher, no contexto do Projeto Vértice, pode torná-lo ambíguo: ter os fios soltos demais pode deixar as discussões perderem criticidade e urgência. Mas deixar que as discussões flutuem em um campo mais aberto muitas vezes deixou vir à tona a diversidade de conceitos e de convicções acerca do ser mulher e da construção de uma noção ampliada de gênero; diversidade esta não só pautada pelo domínio dos termos e conceitos principais dos estudos de gênero e feminismo, mas em sensações, em vivências, em potências surgidas em cena, em transgressões, em dúvidas.

Separar o mundo entre masculino e feminino pode gerar distorções graves do foco da discussão sobre gênero e feminismo e reforçar inúmeros clichês implícitos em nossa cultura. A expressão do ser mulher como a imagem da suavidade e da fluidez, em oposição à expressão do ser homem com a ação enérgica e a agressividade, não é só um clichê grosseiro amplificado por propagandas de desodorante e absorvente íntimo: é uma das informações com as quais devemos lidar ao perguntar quais as questões que vêm ocupando as mulheres artistas hoje. Os espaços construídos pelo Projeto Vértice Brasil revelam a multiplicidade de interesses que essas mulheres possuem e a diversidade de formas de expor/condensar esses pontos de vista. Em nossos encontros existem mulheres que falam de violência, negação dos direitos básicos, opressão religiosa e cultural e objetificação da mulher em diversas partes do mundo. Mas também é possível ver e ouvir mulheres que falam de técnicas de atuação, estética teatral, estudos de dramaturgia e produção cultural, ocupando um espaço de produção de conhecimento e arte que há pouco mais de um século era reservado exclusivamente aos homens.


Vértice Brasil

Foi criado em Florianópolis por Marisa Naspolini, Monica Siedler, Barbara Biscaro e Gláucia Grigolo e produz bienalmente um encontro e festival de teatro feito por mulheres. Além disso, o projeto também apoia e participa de encontros, residências artísticas e outros eventos no Brasil e no mundo.

Magdalena Project

É um espaço de discussão, troca e apoio que visa dar visibilidade ao trabalho artístico de mulheres. Desde seu surgimento, mulheres de teatro têm se engajado em projetos que criam espaço para colaboração artística, gerando encontros e festivais em locais como Chile, Argentina, País de Gales, Dinamarca etc. Festivais, encontros, livros, filmes e um site são ações do projeto www.themagdalenaproject.com


POR BARBARA BISCARO



segunda-feira, 14 de abril de 2014


Texto de Barbara Biscaro publicado no Diário Catarinense durante a semana do Vértice Brasil 2014.





segunda-feira, 7 de abril de 2014

Abertura do Vertice Brasil no Sesc Cacupe!!!

A equipe reunida junto com as residentes!!! 







terça-feira, 25 de fevereiro de 2014



Olá a tod@s!


Segue abaixo a lista d@s selecionad@s para o Vértice Brasil 2014 - Em residência.

Lembramos que a confirmação da inscrição se dará com o pagamento da taxa e primeira parcela (ou parcela única) referente à hospedagem até o dia 05 de março. Aquel@s que não efetuarem o pagamento no prazo estipulado perderão a vaga, que será disponibilizada para os suplentes, por ordem de chamada. Por isso, muita atenção nas datas. 

Em breve entraremos em contato para maiores informações sobre a programação e também sobre especificidades acerca das residências.

Bem vind@s!!!


Residência HACKERS DE GÊNERO - Clara Lee Lundberg

Adriana Patrícia dos Santos (Drica Santos)
Elisa Schmidt
Justina Andrighetti
Letícia Castilho
Pâmella de Caprio Villanova
Stela Fischer
Suzi Daiane da Silva
Valéria de Oliveira
Veronica Barreto Jaffe
Débora Zamarioli
Maria Betânia Silveira
Priscila de Azevedo Souza Mesquita
Sabrina Valente Ramos
Amanda Castelhano Figueira
Fernanda Magalhães
Ana Karina Barbieri Marques
Mariana do Nascimento Pinhata
Ariane Elisa Andrade de Moraes
Bárbara Bessa
Isabella Amaral Soares

Suplentes
1. Amanda Marcondes
2. Maria Clara Villela Benitez
3. Oriana Del Mar Salcedo


Residência  A VOZ É SEMPRE UM SONHO - Linda Wise

Ângela Finardi
Daiane Dordete
Elisza Peressoni Ribeiro
Isabella Azevedo Irlandini
Lara Matos
Liliana Marcela Curcio (Lily Curcio)
Christine de Melo Valença
Luiz Naim Haddad (Luiz Canoa)
Magarida Baird
Massimiliano Buldrini
Rosa Maria Carlos e Silva (Rosa Carlos)
Sandra Regina Baron
Laura Carla Franchi dos Santos
Fernanda Letícia Dall`Oglio Zamoner
Karen Debértolis
Nara Keiserman
Mariana Rotili da Silveira
Paula Noelia Cianfagna
Joice Rodrigues de Lima
Aline Barth

Suplentes
1. Lidiane de Lima Cunha
2. Monique Cibelle das Neves
3. Ana Ribeiro Grossi Araújo
4. Marcel Henrique Rosa Machado
5. Gabriela Silveira de Andrade
6. Camila Ribeiro Rodrigues


Residência DEVANEIOS DA INTIMIDADE - Raquel, Ana Cristina e Naomi (LUME)

Monalisa Theodoro Machado
Paula Telles D'Ajello
Potyra Najara Borba
Fabiana Lazzari
Vanderléia Will
Raquel Stupp
Sandra Knoll
Beatriz Alonso
Michelle Maria Racy
Andréa de Almeida Rosa
Camila Barssotti Fontes
Rachel Trambaioli Machado
Thais Helena D'Abronzo
Poliana Savegnago da Silva
Luisa Bahia da Fonseca Silva
Jennifer Jacomini de Jesus
Marina Dias Jorge
Ana Paula Grigoli
Romina Noelia Sanchez
Telma Helena dos Santos

Suplentes
1. Ana Márcia Antunes Borges
2. Maria Marta Baião Seba
3. Fao Miranda

sexta-feira, 14 de fevereiro de 2014



ENCUENTROS

por Eugenia Cano*


“Ella es mi mujer, éstos son mis hijos y esta es tu casa, puedes venir aquí cuando extrañes a tu familia”, esas fueron las palabras de bienvenida que me dio mi maestro, MPS Asan en Kerala, India, el primer día que fui a su casa a tomar clase de Kathakali. Sin duda, conocer a mi maestro es uno de los encuentros más importantes que he tenido. ¿Qué hizo que este encuentro fuera así? Ya había tomado clases con muchas personas, ya tenía varios años haciendo teatro, tenía como 27 años de edad. ¿Qué hace que un encuentro sea contundente? Generalmente los encuentros te los pone la vida pero cuanto tú organizas el encuentro de varias personas, ¿qué debemos hacer o qué debemos tomar en cuenta para que resulte positivo?

Nuevamente me acuerdo de mi maestro, no es la persona más culta que conozco, ni el mejor actor, entonces ¿qué me marcó en mi encuentro con él? De entrada que el encuentro duró cuatro años, donde hubo muchas horas de clase, mucha paciencia de su parte, muchas ganas de la mía. Días y días para que yo aprendiera una pequeña escena pues me costaba mucho trabajo aprender los textos por el idioma. Así pasaron esos años de enseñanza, pero no solo fueron clases, también  platicamos mucho, comí en su casa infinidad de veces, su esposa me hacía un dulce para mi cumpleaños, me recibían en las fiestas de la familia como a un miembro más y sin embargo somos muy distintos, mi maestro y yo somos muy distintos y ambos lo sabemos pero nunca importó, siempre fui su alumna, me trató como a una hija y me dejó ir. Sé que es una historia ideal pero ¿qué hacer cuando solo tenemos diez días para lograr un encuentro? Una técnica teatral no se aprende en diez días, es difícil en un taller de 40 horas llegar a un cambio real, entonces ¿qué hacer? Si bien con mi maestro pasé cuatro años, ¿qué es lo más importante que me legó? Sin duda, un enorme respeto al trabajo y una comprensión muy grande entre los dos en el entendimiento que somos distintos, tal vez mucho, pero el teatro nos hizo compartir algo más importante: nuestra humanidad. Por eso creo que los encuentros contundentes o positivos son aquellos que nos permiten compartir nuestra naturaleza, donde nos sentimos incluid@s, donde nos sentimos parte de un grupo.






 * Eugenia Cano é de Guanajuato, México. Participou do Vértice Brasil em 2010, com o espetáculo infantil Alas de Mariposa. É diretora e atriz da companhia de teatro Kalipatos. http://kalipatos.com/

quinta-feira, 6 de fevereiro de 2014

 

Récita – tudo aquilo que chama a atenção, atrai e prende o olhar


por Barbara Biscaro


A cada estreia de um novo espetáculo, fica a sensação de nascimento e morte. Nascimento de algo novo, um pedaço de você que surge a partir de um processo intenso e transformador, que desloca algo que parecia encaixado e que agora deve se re-configurar no corpo. Eu, particularmente, não vejo sentido em fazer teatro que não seja para se transformar. As possibilidades que o trabalho com o teatro oferece de potencializar aquelas coisas que nunca surgiriam se não fossem provocadas, mexidas, questionadas sempre me fascinou. O movimento é o principio de tudo: de um corpo/voz que se desloca no espaço, de uma ideia/sensação que surgiu um dia quase banalmente e se configura como mundo, lente para ver a realidade.
 
Por outro lado, não acredito em teatro que deseja mudar o público: o espectador sente aquilo que sente, que deseja, vê e ouve aquilo que pode. Sim, ver um espetáculo pode mudar a vida de alguém. Mas se não mudou a visão de mundo do ator em cena primeiro, se não deslocou o corpo e as sensações desse ator para lugares ainda não explorados, aí as possibilidades de comunicação se tornam diferentes – nem melhores, nem piores – apenas diferentes.
 
O processo de construção do Récita – tudo aquilo que chama a atenção, atrai e prende o olhar foi e tem sido um privilégio, como artista-criadora. Do meu desejo inicial, diversas pessoas embarcaram comigo em uma exploração de coisas que eu também desconhecia. A parceria de cena e musical com Fernando Bresolin me ensinou muito. Só um vínculo de confiança pode ligar dois atores-musicistas em cena, e esse vínculo foi profundamente respeitado e cultivado desde o início. Das primeiras tentativas de encaixar o repertório de Weill e Brecht na formação para voz e violino até o amadurecimento musical que conquistamos nessa estréia, foram meses de trabalho – muitas vezes um trabalho sutil – pois para nós não bastava somente acertar as notas ou o andamento: contar, comentar, rir um do outro, dançar, surpreender-se, mover um ao outro, tudo isso deveria estar contido em cada trecho de música vivida. Pois diferente da ideia de execução musical - na qual aparenta que a música está de um lado e o musicista a executa, do outro lado, para nós, essa experiência deslocada tão comum na música não poderia servir – tinha que ser música vivida mesmo, entranhada na pele, mesmo se em muitos momentos nos deparamos com as limitações técnicas da voz e do violino.
 
A construção visual do espetáculo concebida por Roberto Gorgati suscitou e vem suscitando diversas imagens: precário, empobrecido, sintético, decadente. O universo das duas figuras em cena deveria evocar a decadência e o grotesco inspirados nas figuras dos mendigos produzidos por Mr. Peachum (A ópera dos três vinténs – Weill/Brecht 1928), personagem de Brecht que fabricava mendigos para ganharem a vida em Londres, ganhando uma devida comissão como ‘agenciador’ a miséria alheia.  Questionar a estética do belo no universo da música clássica, do universo das divas (e divos) e do poder social/cultural que a música erudita inspira era uma das metas da pesquisa – tendo como ponto de partida as canções de Brecht e Weill, que já contém em si esses universos paradoxais. Da aparente simplicidade que se vê em cena, uma complexidade crítica foi tecida por trás, alimentando o vazio da cena. A elaboração se deu através do tempo, dos materiais, dos atores – sem a fabricação da decadência, Gorgati buscou no simples e na síntese os elementos para compor a visualidade da cena.
 
O processo de preparação corporal veio de um desejo antigo de concretizar uma parceria com a atriz Claudia Sachs. O universo do melodrama, do cômico e do grotesco foi construído através de sua condução, dando o devido espaço para que a loucura pudesse ocupar a cena. O tempo do jogo, a construção da relação, o desenho do corpo no espaço, tudo isso foi sendo construído em sala de ensaio, com uma condução rigorosa e generosa. Cláudia semeou aquela centelha de loucura que faltava para definitivamente pularmos da mera execução musical para habitar uma cena povoada de passado, presente e futuro. Descobrimos um mundo juntos, e esse mundo além de decadente e cruel, era lírico, delicado, amoroso e limítrofe – nos limites entre a vida e a morte, entre o banimento e a acolhida, entre a solidão e o outro que nos sustenta.
 
Explorar os limites entre a música e o teatro, desde sempre tem sido minha pesquisa.  A voz cantada e falada em cena, para mim, deve ser não uma questão meramente técnica: deve ser uma entrega, um desejo, uma busca. A imersão no universo do grotesco trouxe descobertas técnicas e estéticas importantes no campo da criação vocal: como contar uma história, como transbordar a voz para que o jogo possa ser mais forte do que a técnica. Como lidar tecnicamente com questões como o apoio vocal ou a afinação imersa em um jogo contínuo, que não dá tempo para ser pensado, apenas sentido, compartilhado.
 
Além disso, mergulhamos em um universo no qual a voz e o violino teimam em caminhar para bem longe da cultura das salas de concerto: sonoridade de vagabundos e errantes, de artistas de rua, a voz e o violino estão presentes em diversas culturas populares que usam de um virtuosismo errante para cantar suas desventuras. A sonoridade, se por um lado ainda virtuosa (volumosa, aguda), prima não pela perfeição do timbre ou pela constância: prima mais ainda pela comunicação, pelo desvelamento da alma – criando novas formas de virtuosismo. Brecht e Weill entraram nessa mistura como os elementos agregadores: criando um universo em comum e uma geografia do grotesco, com suas cidades imaginárias e seus personagens de moral e costumes duvidosos, o espetáculo busca na forma épica uma dramaturgia que não prioriza a condução de uma história ou a linearidade, mas sim, a capacidade de mergulho em cada canção e o modo de transitar das figuras em cena na condução dessas experiências – cada canção encerra um mundo, e mostrar que esse mundo é inventado é uma das funções das figuras. É o recital de música muito teatral, é o teatro em que a música é presente demais: é uma récita deslocada, fronteiriça, estranha.
 
A sensação de morte fica por conta da certeza que uma estréia desencadeia um novo processo: para fora da sala de ensaio, em contato com o público, o espetáculo começa uma nova história. Para longe da sensação de conforto ou de lógica que o processo desencadeia, permanecer em cartaz, fazer o espetáculo ter vida longa e manter todos os elementos que fizeram do processo vivo e pulsante é um desafio e um prazer como artista.

segunda-feira, 27 de janeiro de 2014


Vértice em residência: inscrições já!


2014 chegou e com ele a responsabilidade e o prazer de realizar uma nova edição do Vértice. O ano trouxe mudanças de rumo e o desejo de experimentar novas possibilidades. Vão-se dez anos desde que começamos a nos reunir, em jantares e cafés de trocas de ideias, e a vislumbrar o que esse projeto se tornou ou vem se tornando. Desde então, realizamos três edições e agora, na quarta, decidimos tentar um novo formato.

Em 2008, a primeira edição, chamada simplesmente Vértice Brasil, teve como objetivo vir ao mundo. Fizemos uma grande festa de abertura, com uma exposição de fotos de mulheres na cena, clicadas por Cleide de Oliveira, ao som da banda Vinegar Tom. Contamos com a presença de Jill Greenhalgh e Julia Varley durante todo o encontro, ministrando workshops, apresentando demonstrações de trabalho, fazendo palestras e apoiando nossa estreia nesse universo. O festival contou com apresentações de espetáculos locais.

Em 2010, optamos por fazer um percurso mais ousado. Vértice Brasil 2010 – Travessia recebeu artistas de treze nacionalidades distintas, ofereceu 19 apresentações de espetáculos, promoveu um circuito de palestras, oficinas e performances privilegiando a ocupação do centro da cidade, configurando um corredor formado por 13 espaços culturais. Atravessamos o oceano às inversas, trazendo pessoas de referência no projeto Magdalena e privilegiando os encontros interculturais.

Vértice Brasil 2012 – T(i)erra Firme foi fruto de um desejo de aproximação com nossas vizinhas. O encontro enfatizou a presença de artistas das Américas, particularmente da América Latina. Uma novidade foi a realização de Dohter, uma residência conduzida por Jill Greenhalgh que resultou em uma performance que abriu o evento e deixou gostinho de quero mais. Tanto que, ao repensarmos o modelo do evento e revisitarmos nossos desejos mais íntimos, decidimos que em 2014 privilegiaríamos a realização de residências artísticas com o intuito de compartilhar procedimentos artísticos e aprofundar o processo de cocriação.

Vértice Brasil 2014 – em Residência é um convite ao encontro. Teremos mais tempo de trabalho conjunto e menos apresentações espetaculares. A realização da Copa no Brasil provocou ajustes no calendário e no orçamento que, esperamos, possam ser alterados novamente no futuro. As inscrições estão abertas por pouco tempo. O tempo por aqui anda rápido e nós estamos sempre cheias de afazeres, mas ansiosas por revê-las. Esperamos por vocês em abril, em Floripa. Mais informações no site www.verticebrasil.net


Barbara, Gláucia, Marisa e Monica.